Aunque, en el caso de la culpa, no se considera exactamente una emoción, ya que incluye una mezcla entre lo cognitivo, es decir, el mundo del pensamiento y el mundo emocional, sentimientos e decidido incluirla en esta sección del blog, ya que tiene una directa relación con las emociones.
Remitiéndonos a la definición de la culpa desde una orientación más filosófica, nos encontramos con que no es más que la transgresión de una ley o práctica sagrada, sancionada por una autoridad superior y en el caso de los sistemas religiosos a una o varias divinidades, según sea el enfoque ( monoteísta o politeísta).
El sentimiento de culpa es un obstáculo para vivir desde un estado más libre, placentero y espontáneo. A la vez, es un sentimiento difícil de identificar por el hecho de utilizar diferentes formas, máscaras o disfraces. Por ello voy a tratar de presentarla remitiéndome brevemente a su origen, desarrollo e identificación.
El origen de este sentimiento surge por una falta de Confianza y Apoyo básico, principalmente en la infancia que es cuando forjamos el carácter o personalidad (la defensa hacia el mundo). De ahí surge una inseguridad latente, a veces visible y otras no, que subyace bajo la personalidad y favorece el Miedo. Esa falta de confianza hace que la persona / el niñ@ no se sienta capaz de estar en el mundo por si misma y así, va desarrollando el Miedo, concretamente al abandono, la Soledad. Por esto, se hace sobredependiente, o si evita ver el miedo, se hace super independiente, con una actitud de «yo puedo solo y no necesito de nadie». Ambas resultantes son reacciones del miedo a la soledad, una lo ve y la otra, no quiere verlo. Pues bien, de este miedo a estar solo surge, la culpa y la dependencia. Nombro a las dos porque van de la mano. Me explico: la persona va creciendo y va desarrollando estrategias para la vida que le eviten sentir culpa cuando algo no es o no sale como debería. De las diferentes estrategias asociadas a evitar la culpa encontramos las siguientes: una consiste en » depender de hacer constantemente», para evitar tener un espacio dónde poder darse cuenta si algo se ha hecho mal y poder sentirse culpable. Otra opción es «depender de los sentimientos ajenos», sentir según se sienten los demás o el otro y con esto, evitar sentirse mal con uno mismo y cuestionarse sus propios sentimientos. «Depender del otro» sería otra manera de evitar la culpa, pues con esta estrategia culpo al otro siempre y evito culpabilizarme cuando algo sale mal.
Una vez vista la interrelación entre dependencia y culpa, paso a desenmascarar a la culpa, con sus diferentes disfraces, como por ejemplo:
La fusión consiste en perder el contacto con lo que queremos, olvidándonos de nosotros mismos y asumir la vida del otro como propia. En esta fusión culpamos a l otro de todo cuando las decisiones no han sido correctas.
La postergación nos refleja el «no compromiso». Mientras posponemos las cosas, nos boicoteamos con frases del tipo: « ya lo haré », «ahora no tengo tiempo», « ¡espero que se arregle pronto!», etc. Acudimos al pensamiento mágico («la fantasía»), con el fin de que las cosas se arreglen por si solas. Así, culpamos de nuestra insatisfacción a la situación o a la vida. Al postergar, evitamos hacer en el «ahora». Con esta actitud no nos responsabilizamos y además, evitamos sentir que fracasamos. La sensación es de estar a la deriva, sin un rumbo.
La deuda en uno mismo, nos hace adoptar una actitud de autoacusación para así evitar un conflicto con la autoridad. Por ejemplo, me para la policía, me pone una multa y acato lo que me dice sin cuestionarlo. Aquí me culpabilizo para evitar un problema con el policía, la autoridad en este caso.
El perfeccionismo, es una máscara obsesiva que trata de mejorar las cosas y tiene inquietud por comparar, todas las acciones, con el código moral preestablecido. Como nos hace querer que todo sea como tiene que ser, estamos en una constante evitación d e l a culpa. Porque si hacemos algo que no está en nuestro código pre establecido de valores, nos sentiríamos culpables.
Y la preocupación, enmascara a la ocupación. Porque mientras me preocupo, no me ocupo. Esto nos lleva a la «no acción». En este caso, hay una insistencia hacia la culpa: «si hubiera hecho esto, no hubiera sucedido», «casi hiciera lo otro, …», «¿como se habra sentido?», etc. Y esto lo que nos produce es parálisis y el sentimiento de culpa aumenta. En esa insistencia aparece la frustración.
Por tanto, vivir aferrado a la Culpa, nos lleva a sobrevivir en vez de vivir, porque no nos permite responsabilizaros de nosotros mismos, ni de nuestra vida. Nos hace vivir atados a una baja autoestima, supedita nuestra vida a la del otro, desarrolla la ira, el enfado, la insatisfacción, etc. Así que, ¿por qué no comenzar a ver nuestros comportamientos y tratar de manejarnos sin la culpa? Atreverse a vivir el momento presente, aceptando la realidad tal cual es, nos guste o no, sin manipulaciones, sin echar la culpa a los demás, ni dejándonos manipular cuando el otro nos trata de lanzar sus culpas, etc.
Somos seres interdependientes, del medio y de los demás, pero en el exceso d e dependencia o independencia nos perdemos del estado de Salud, que es la interdependencia. Aunque pueda parecer idílico vivir sin ella, el primer paso es darse cuenta y el siguiente, pasar a la acción. Pero este Trabajo no es posible sin la observación.
A medida que vamos desterrando a la Culpa, con sus diferentes máscaras, se gana confianza, autoestima y autovaloración. Además, surge la responsabilidad con uno mismo y aparece el criterio, porque la persona se responsabiliza de sus pensamientos, sentimientos y actos. Equivocarse o no, deja de tener relevancia ya que todo pasa a ser un aprendizaje para sí mismo y la vida. Entonces, comenzamos a sustituir culpa por responsabilidad.
<<La utilidad de vernos lo que no nos gusta es que nos permite el Cambio en mayúsculas.>>



