Se trata de prestar atención a las experiencias tanto externas como internas, bien sean mentales, emocionales y/o corporales. Incluye observar aquello que nos atrae desde diferentes perspectivas. Así como observar en qué manera nos movemos hacia el pasado, que es lo que nos empuja hacia el futuro, lo que se desea e incluso aquello que llega espontáneamente en el presente. Observar también aquello de lo que nos apartamos, rechazamos, no queremos entrar, nos moviliza emocionalmente sin saber porqué, etc.
Observarse a uno mismo implica además prestar atención a lo que se piensa, se siente y/o se dice. A la manera en qué se habla, se calla, y se gesticula…; a la forma en que bebemos, andamos, permanecemos de pie, nos sentamos, comemos, descansamos, en definitiva, observar «cómo nos movemos» en la vida.
El Trabajo de conocerse, parte de la premisa de que no nos conocemos a nosotros mismos lo suficiente. Pensamos que lo hacemos, y sin embargo, estamos imaginando quién creemos que somos. Si nos conociéramos lo suficiente, la autoobservación no sería necesaria.
A medida que aprendemos a autoobservarnos más eficazmente, pasamos a atribuir lo que se observa a los diferentes centros. Es decir, si cierro los ojos, es posible observar cómo está activo el centro motor. Si siento náuseas, es el centro instintivo el que reacciona. Si huelo una flor, puedo observar como el centro emocional se pone enseguida en funcionamiento. A más afinamos la autoobservación, nos vamos haciendo más conscientes y despertamos a la realidad pues nos damos cuenta de los pensamientos, emociones y acciones mecánicas que nos acompañan. Así es como nos vamos acercando a un yo más real. Conociéndonos mejor podemos llegar a saber el porqué atraemos ciertas cosas o eventos a nuestra vida. Así como descubrir porqué se repiten historias parecidas. A medida que vamos avanzando en la práctica de la autoobservación, vamos incluyendo más aspectos como: sensaciones de temperatura, cambios de color, olor, presiones sentidas, presencia de secreciones, consciencia del ritmo, de la profundidad de la respiración, la amplitud y la frecuencia de los latidos del corazón, incluso del pulso. Además de la propia actitud hacia algo, los gestos, los movimientos, las expresiones, hacia donde dirijo la mirada, el tono de la voz, etc. Los sentidos (la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto) se van despertando y participan de manera cada vez más activa. Aumentando los sentidos de la propiocepción e interocepción.
Para la autoobservación requerimos de dos elementos cruciales: el desarrollo de la atención y el desapego/soltar. Con esto último, me refiero a no aferrarnos a lo que creemos que somos, ya que esto favorece a la capacidad de abandonar patrones y entrar en la autoexploración del propio autodescubrimiento.
Todos tenemos una sombra psicológica, entendiendo como sombra a lo que no se ve, que es aquella parte de nosotros de la cual no somos conscientes. Según Jung, el comienzo del camino a la evolución interna radica en hacer que esa sombra se vuelva gradualmente consciente. Es decir visible para si misma. Y la autoobservación es la herramienta que nos permite despertarla.
<<Hasta que el inconsciente no se haga consciente, seguirá dirigiendo tu vida, y tú lo llamarás destino>>
C. G. Jung


