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La Agresividad

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La agresividad es una emoción básica y natural. En una dosis adecuada nos puede servir de impulso para iniciar o lograr cosas. Se le considera una herramienta útil para la supervivencia y la adaptación de la especie. El significado etimológico de agresividad es «ir hacia la acción».

El hecho de que nos sirva de impulso para la acción, implica que antes ha tenido que haber un deseo. De lo que la agresividad y el deseo, conviven juntas, como si se tratara de una planta. En este caso las raíces simbolizan el deseo y el tallo a la agresividad.

Sucede que en una dosis inadecuada puede ser nociva a todos los niveles (intelectual, emocional y corporal). Si es excesiva aumenta la neurosis, los pensamientos y las emociones se tornan negativos y juiciosos y el cuerpo se tensa. Como consecuencia entramos en un estado de no Salud. La raíz del exceso de Ira es un excesivo deseo o pasión. Cuando esto sucede, la agresividad se torna demasiado poderosa y puede llegar a transformarse en odio. Éste conlleva el deseo de venganza. Es como una onda que surge del pensamiento que a medida que va adquiriendo más presencia se convierte en un torbellino.

La agresividad es una emoción que debe ser expresada hacia fuera porque de lo contrario, se va acumulando en la persona a todos sus niveles y con el tiempo se va pervirtiendo hacia el odio, la depresión y la violencia. Cuanto antes se detecte mejor ya que puede destruir amistades, aumenta las discrepancias entre parejas, nos lleva al insulto, a la pérdida de la razón, e incluso a realizar actos impensables.

Cuando una persona manifiesta irritación, el ceño fruncido, resentimiento, indignación, rabia, cólera, furia, etc. está expresando la Ira en diferentes grados de intensidad. Esta surge de los celos, la envidia, el perfeccionismo, la exigencia, el sobre control, la lujuria, etc.

El buen manejo de la agresividad, es todo un Arte. Consiste en ir desarrollando destreza para que no se vaya almacenando en el organismo y evitar expresarla hacia uno mismo, ni hacia los demás. Tener en cuenta que actúa como un boomerang, cuando la proyectamos en otra persona se revierte hacia  el que la proyecta.

En pequeñas dosis, se puede tomar un vaso de agua fría y una caminata rápida, eso ayudará a rebajarla. Si la conversación con alguien comienza a adquirir un tono agresivo – no sano, interrumpir la conversación cuanto antes. En el caso de haber acumulado bastante excitación puede ser útil buscar un espacio dónde poder expresarla, bien sea gritando, moviendo los brazos con intensidad o dando pataletas. Siempre teniendo en cuenta de no agredirse a uno mismo ni a nadie. El hecho de almacenarla dentro y no expresarla, es nocivo porque la Ira no expresada es acumulativa y lo único que conseguimos es ir camino a convertir nuestro cuerpo en una «olla exprés».

Normalmente nos movemos de manera tan mecánica que no nos damos cuenta de la cantidad de veces que vamos esparciendo semillas de deseos, ilusiones y expectativas fuera de nuestro alcance. De pronto, nos encontramos con un anhelo no satisfecho y a más empeño le ponemos, más insatisfacción nos va surgiendo. Sin casi darnos cuenta, el tallo ya está arraigado, fuerte y la Ira comienza a expresarse sin control. Por ello, es de utilidad «estar atentos», fijando la atención al momento Presente. Aún así la Ira va a surgir porque el ser humano, vive condicionado por su pasado y anhelando un Futuro que no existe. La práctica de la Meditación es una útil herramienta para observar la mente y desarrollar el estado de Presente. Esto nos ayudará a identificarla y resolver su expresión lo antes posible.