El miedo es un sentimiento de estremecimiento e inestabilidad, común a todos los seres humanos. Surge, básicamente, del miedo a la no existencia.
Tiene la utilidad de aflorar en situaciones donde la persona corre algún peligro real y facilitarle así la salida ante una situación amenazante. Sin embargo, también aflora sin necesidad y dificulta a la persona en su manera de estar en el mundo, así como en la relación consigo misma.
La expresión de este sentimiento puede darse a través de varias conductas, como por ejemplo: la cobardía, la duda constante, la falta de fe en uno mismo, la paranoia, la ansiedad, etc. A su vez, estas conductas generan unos síntomas en el organismo como: la incapacidad de expresarse, la necesidad de esconderse, buscar refugio cálido y tranquilizador, pérdida d el sentido del humor, contracción corporal, pérdida de las formas, etc. Ante este estado la persona tiene la sensación de perder los puntos de referencia que le anclan a la vida y esto, le lleva a sentirse, literalmente, en soledad.
El hecho de que este sentimiento surja en situaciones dónde no es necesario, no es un problema en sí mismo, porque al igual que viene, se va. Sin embargo, cuando pasa a gobernar nuestra vida o a limitaría, se hace importante el estudio del propio miedo sin reparos.
El auto conocimiento del propio miedo, nos da la posibilidad de vivenciar una nueva manera de verlo y tratarlo. Así surge una nueva relación entre la persona y este sentimiento, la cual le permite vivir desde un estado menos limitante y más en calma, con uno mismo y con el mundo que nos rodea. Se trata de ir haciéndose amigo del miedo. Evitando así, la negación, la huída o la parálisis, ante este sentimiento común a todos los seres. A medida que va evolucionando esta «amistad», la persona comprende cómo surge, cómo se manifiesta y cómo se despliega el miedo en sí misma, por lo que éste, pasa a ser más, una gran broma que un problema ya que deja de limitar la acción en la vida. En consecuencia, del trabajo con el miedo, comienza a surgir la fe en uno mismo y en los demás. La persona vivencia así, un nuevo estar en el mundo más saludable. Empieza a afrontar las situaciones de manera diferente, aumenta la acción y aparece la intrepidez, el riesgo surge poco a poco, y esto le va dando más confianza en sí mismo. La creatividad humana se despierta y empieza a ampliarse el propio mundo y la vivencia de éste.
Para todo este trabajo terapéutico, se requiere un desarrollo de la atención y un aumento de la consciencia. Existe la «idea falsa» de que si eres valiente es porque no tienes miedo.Sin embargo:
<< Valiente es aquel que sabe vivir con el miedo>>.



