
Sobre mi
Mi nombre es Silvia y nací en la ciudad de Valencia. Desde muy niña tuve la motivación puesta en el cuerpo … la danza, la natación, la música y el canto me acompañaron y acompañan hasta día de hoy. Una parte de mi lo hacía hago por gusto, y la otra, porque palia el dolor de mi espalda. Tengo una patología estructural de la columna vertebral, diagnosticada con 12 años, de la cual he ido haciéndome amiga, a través de todas las técnicas corporales realizadas en mi vida.
“Equivocarme me llevó a darme cuenta de lo que estaba buscando”.
Por otra parte, he sido muy observadora del comportamiento humano y esto me ha invitado a hacerme muchas preguntas filosóficas, llevándome al autocuestionamiento y a la autocrítica. Es realmente una afición para mi. Solo he de echarle un vistazo a mi biblioteca, la cual está repleta de libros de psicología, filosofía y disciplinas varias corporales.
Me pasé años buscando mi vocación, equivocando mi actitud de servicio por el servilismo, y dándole a mi cuerpo un tratamiento de carácter superficial en vez de profundo, en vez de lo que realmente es… mi hogar, el lugar que habito.
“Equivocarme me llevó a darme cuenta de lo que estaba buscando”.
Me había equivocado de sendero pero no de lo que hacia sentir plena: compartir y ayudar a eliminar el sufrimiento propio y ajeno. Durante años ejercí de axilar de vuelo donde aprendi a mirar a los demás desde la fragilidad ( en su mayoría inconsciente) que supone estar durante horas a 11.000 metros de altura, así como ayudar y acompañar a transformar el miedo a volar, en un tránsito sostenible y llevadero. Esta consciencia fue la que me empujó definitivamente a estudiar psicología a distancia durante unos años, hasta que di con una Formación de enfoque humanista, biogestáltica, con la que por fin me encontré a mi misma.
Tras muchos años formándome, profundizando y entrenándome con grupos, sumado a las primeras sesiones terapéuticas acompañando, me he ido definiendo en lo profesional hasta día de hoy, donde ejerzo mi labor entregada y convencida de la hago habiendo desarrollado mi propio estilo e idiosincrasia.
Puedo afirmar que entro a las sesiones ilusionada, me siento a escuchar y observar con el corazón abierto y ahí, en ese momento presente, percibo la vocación. Algo así como: “estoy donde tengo que estar”. Y a partir de ahí, empezamos a entrar conjunta y creativamente a trabajar la necesidad del paciente.
