
Sobre mi
Mi nombre es Silvia y nací en la ciudad de Valencia en el año 1976. Desde muy niña tuve la motivación puesta en el cuerpo. La danza, la natación, la música y el canto me acompañaron y me acompañan hasta día de hoy. Una parte de mi lo hace hago por gusto, y la otra, por necesidad. Tengo una patología estructural de la columna vertebral, diagnosticada con 12 años, de la cual he ido haciéndome amiga, a través de todas las técnicas corporales realizadas en mi vida.
“El dolor es un buen maestro hacia el camino de la curación y el bienestar, si le prestamos la atención adecuada”.
Es por esto que mi recorrido profesional integra el estudio sobre el cuerpo y el movimiento.
Por otra parte, he sido muy observadora del comportamiento humano y esto me ha llevado a considerarme una buscadora.
Muy pronto mis inquietudes de búsqueda personal me llevaron a vivir en diferentes países y culturas como Londres, Freiburg, Roma, Mallorca y donde finalmente decidí afincarme, Tenerife. Pasaba temporadas largas aprendiendo idiomas y saboreando diferentes maneras de vivir y entender la vida. Me pasé años buscando mi vocación, equivocando mi actitud de servicio con el servilismo, y dándole a mi cuerpo un tratamiento de carácter superficial, hasta que comprendí la importancia de habitarlo.
“Equivocarme me llevó a darme cuenta de lo que estaba buscando”.
Me había equivocado de sendero pero no de lo que hacia sentir plena: compartir y ayudar a eliminar el sufrimiento propio y ajeno. Durante unos años ejercí de axilar de vuelo, lo cual, me permitió seguir viajando aún más. Por otra parte me facilitó, entre otras cosas, ampliar la mirada hacia la fragilidad que supone estar durante horas a 11.000 metros de altura, así como ayudar y acompañar a transformar el miedo a volar, en un tránsito sostenible y llevadero. Esta consciencia fue la que me empujó definitivamente a estudiar psicología por un tiempo, hasta que di con una Formación de enfoque humanista, biogestáltica, con la que por fin me encontré a mi misma.
Tras muchos años, formándome, profundizando y entrenándome con grupos, sumado a las primeras sesiones terapéuticas acompañando, me he ido definiendo en lo profesional hasta día de hoy, donde ejerzo mi labor entregada y convencida de que la ejerzo habiendo desarrollado mi propio estilo.
Mi biblioteca se ha ido llenando a lo largo de mi vida, de libros de diferentes disciplinas humanistas con el fin de ayudarme mejor a comprender la existencia humana así como desarrollar maneras de eliminar parte del sufrimiento que conlleva. Entre ellas: muchos libros de filosofía, psicología humanista y trabajos varios corporales, desde yoga, danzas, bioenergética, etc.
Y la música, ¡ay, la música...! qué hubiera sido de mi sin ella. Pasé casi 10 años en un coro y estudié solfeo, piano y canto en un Conservatorio superior, lo suficiente como para llevarlo conmigo a la práctica terapéutica. Donde ahora la aplico desde la disciplina de musicoterapia.
Y aunque seguro que no habré nombrado todo, a día de hoy, con todo esto y mucho más: puedo afirmar que entro a las sesiones ilusionada y segura. Me siento a escuchar y observar con el corazón abierto y ahí, en ese momento presente, percibo la vocación. Algo así como: “estoy donde tengo que estar”. Y a partir de ahí, empezamos a entrar conjunta y creativamente a trabajar la necesidad del paciente.
